- La Guia de Implantacion del Esquema Nacional de Seguridad de AMETIC, un documento que, además de explicar el ENS, incluye un apartado con un caso práctico que seguro que resultará de mucha utilidad para cualquiera que se enfrente por primera vez a una implantación de un ENS.
- El libro Esquema Nacional de Seguridad con Microsoft, un documento que recoge la propuesta de Microsoft para implementar, utilizando sus tecnologías y productos, las medidas de seguridad exigidas por el ENS.
26 mayo 2011
ENS practico
Hoy sólo quiero poner en común con todos vosotros un par de documentos que seguro que os sirven de ayuda si queréis acercaros a la parte práctica de una implantación de las medidas de seguridad que indica el Esquema Nacional de Seguridad:
18 mayo 2011
El resumen de tu seguridad
Hace más de un mes que no publico nada. Sigo aquí, aunque por diversos motivos me he tenido que mantener off-line más tiempo del que me hubiera gustado. No obstante, espero que este alejamiento temporal pueda concluir dentro de no demasiado tiempo, y sobre todo que merezca la pena. Ya os contaré...
Hoy quiero referenciar un artículo que he leído en estos últimos tiempos, y que me ha parecido un estupendo alegato acerca de la utilidad de la declaración de aplicabilidad. No es muy extenso, y en cambio es tremendamente acertado, así que animo a todos a leerlo.
En resumidas cuentas, la declaración de aplicabilidad es el resumen de tu seguridad. Es un documento mediante el cual se puede realizar una aproximación sencilla, apta "para todos los públicos", del "tamaño" de tu seguridad. Hace ya mucho tiempo que hablé en el blog de las dimensiones de un SGSI, y sin embargo creo que a día de hoy su vigencia sigue intacta.
La ventaja que tiene este documento es que puede servir, sin comprometer demasiado la confidencialidad de la información asociada, para orientar a los clientes u otras partes interesadas sobre la "fortaleza" de tu seguridad, algo que puede ser muy útil a la hora de firmar acuerdos en los que la seguridad sea un factor importante a considerar. ¿Pediríais vosotros la declaración de aplicabilidad a un proveedor, por poner un ejemplo concreto, de servicios en la nube? ¿Qué otra documentación os parece importante solicitar (y pensáis que puede ser "conseguible"?
Hoy quiero referenciar un artículo que he leído en estos últimos tiempos, y que me ha parecido un estupendo alegato acerca de la utilidad de la declaración de aplicabilidad. No es muy extenso, y en cambio es tremendamente acertado, así que animo a todos a leerlo.
En resumidas cuentas, la declaración de aplicabilidad es el resumen de tu seguridad. Es un documento mediante el cual se puede realizar una aproximación sencilla, apta "para todos los públicos", del "tamaño" de tu seguridad. Hace ya mucho tiempo que hablé en el blog de las dimensiones de un SGSI, y sin embargo creo que a día de hoy su vigencia sigue intacta.
La ventaja que tiene este documento es que puede servir, sin comprometer demasiado la confidencialidad de la información asociada, para orientar a los clientes u otras partes interesadas sobre la "fortaleza" de tu seguridad, algo que puede ser muy útil a la hora de firmar acuerdos en los que la seguridad sea un factor importante a considerar. ¿Pediríais vosotros la declaración de aplicabilidad a un proveedor, por poner un ejemplo concreto, de servicios en la nube? ¿Qué otra documentación os parece importante solicitar (y pensáis que puede ser "conseguible"?
15 abril 2011
El futuro de los estandares de continuidad de negocio
El mundo de los estándares de continuidad de negocio está sufriendo un lento pero progresivo cambio. Por un lado, hace mes y medio que se publicó la ISO 27031, que sustituye e internacionaliza la antigua BS 25777 sobre continuidad TIC. Este hecho, además, supone reconocer la continuidad TIC como uno de los aspectos propios de la seguridad de la información, puesto que pasa a formar parte de la serie ISO 27000, pero por otro lado lo "aleja" de la continuidad de negocio, ya que el estándar que define los requisitos para el establecimiento de un sistema de gestión dentro de esta serie es la ISO 27001.
Por otro lado se va avanzando en la redacción del futuro estándar de continuidad ISO 22301, que establece los requisitos para un sistema de gestión de la continuidad. Curiosamente, el borrador actual parece que no utiliza el término "negocio", y en su lugar aparece el concepto "preparedness" (algo así como "estar listo para entrar en acción") para el que no se me ocurre un buen término en español. Esta norma sustituirá a la actual ISO 22399, y según parece también lo hará con las vigentes BS 25999 y UNE 71599. No obstante, en este caso el estándar no pertenece a la serie de seguridad de la información, sino que está desarrollado por el comité técnico ISO/TC 223 sobre "societal security" (término para el que tampoco se me ocurre una traducción apropiada, aunque el término seguridad corporativa quizás pueda valer). Por tanto, parece que la separación entre "negocio" y "tecnología" se acentúa en la evolución de estos estándares de continuidad a normas ISO, lo cual me agrada especialmente, como podréis suponer.
De todos modos, sigo viendo una importante carencia en este tipo de estándares de continuidad (al menos, a falta de una definición más exacta de su alcance). Carencia que, además, me da la sensación de que puede ser una de las causas de que su adopción no se esté extendiendo tan rápidamente como se preveía inicialmente. Y es carencia es que, en general, los riesgos que gestionan este tipo de estándares suelen ser riesgos operativos (u operacionales), mientras que cuando se habla de negocio en cualquier organización, todo el mundo suele pensar inicialmente en riesgos económico-financieros y/o como mucho en riesgos de mercado. Quizás el problema sea tan sólo el nombre (y ese pueda ser uno de los motivos por los que se ha eliminado el término "negocio" en la versión ISO), pero por otro lado estoy seguro de que si este tipo de estándares de gestión cubriesen de algún modo este tipo de riesgos más propios del "negocio" su adopción por parte de todo tipo de organizaciones sería mucho más amplia. ¿Estáis de acuerdo?
Por otro lado se va avanzando en la redacción del futuro estándar de continuidad ISO 22301, que establece los requisitos para un sistema de gestión de la continuidad. Curiosamente, el borrador actual parece que no utiliza el término "negocio", y en su lugar aparece el concepto "preparedness" (algo así como "estar listo para entrar en acción") para el que no se me ocurre un buen término en español. Esta norma sustituirá a la actual ISO 22399, y según parece también lo hará con las vigentes BS 25999 y UNE 71599. No obstante, en este caso el estándar no pertenece a la serie de seguridad de la información, sino que está desarrollado por el comité técnico ISO/TC 223 sobre "societal security" (término para el que tampoco se me ocurre una traducción apropiada, aunque el término seguridad corporativa quizás pueda valer). Por tanto, parece que la separación entre "negocio" y "tecnología" se acentúa en la evolución de estos estándares de continuidad a normas ISO, lo cual me agrada especialmente, como podréis suponer.
De todos modos, sigo viendo una importante carencia en este tipo de estándares de continuidad (al menos, a falta de una definición más exacta de su alcance). Carencia que, además, me da la sensación de que puede ser una de las causas de que su adopción no se esté extendiendo tan rápidamente como se preveía inicialmente. Y es carencia es que, en general, los riesgos que gestionan este tipo de estándares suelen ser riesgos operativos (u operacionales), mientras que cuando se habla de negocio en cualquier organización, todo el mundo suele pensar inicialmente en riesgos económico-financieros y/o como mucho en riesgos de mercado. Quizás el problema sea tan sólo el nombre (y ese pueda ser uno de los motivos por los que se ha eliminado el término "negocio" en la versión ISO), pero por otro lado estoy seguro de que si este tipo de estándares de gestión cubriesen de algún modo este tipo de riesgos más propios del "negocio" su adopción por parte de todo tipo de organizaciones sería mucho más amplia. ¿Estáis de acuerdo?
14 abril 2011
Publicada la nueva ISO/IEC 20000-1:2011
El pasado martes se publicó la nueva versión de la ISO 20000. Esta versión sustituye oficialmente a la ISO/IEC 20000-1:2005, y despeja todas las dudas acerca de su contenido. Ya está disponible! Ahora podremos verificar cuántas de las suposiciones previas y de los cambios previamente anunciados eran ciertas.... Al menos, lo que sí se puede comprobar es que efectivamente la nueva versión aumenta su tamaño en un 60%. ¿Serán también correctas el resto de las suposiciones? Seguro que tras una lectura detallada descubriremos la respuesta.
05 abril 2011
Seguridad y meta-gestión
La consultoría es un timo. Esa fue la frase que escuché hace unos días, al tiempo que la mitad de los presentes ponía (poníamos) una cara horrorizada -los "consultores"- y la otra mitad sonreía con gesto de aprobación -los "clientes". Y hablaba de consultoría de seguridad...
En el fondo, el que dijo aquella frase tenía algo de razón. Un consultor debería ser un consejero, alguien a quien le cuentas tus problemas (de seguridad, o de lo que sea) y te propone soluciones (buneas, bonitas, y baratas). Ni más, ni menos. Pero claro, piensas en la consultoría que hacen muchas organizaciones a día de hoy, y le entiendes. Documentación vendida "al peso", mínima personalización -cuando no copy-paste de algún otro cliente-, poca utilidad práctica... Es muy difícil entender que esos "entregables" son las soluciones prometidas.
Y en el mundo de la seguridad la situación todavía puede empeorar más. Normalmente los clientes tienen problemas de seguridad reales, han sufrido incidentes, sus máquinas son vulnerables, su personal "pasa" de la seguridad... y los consultores ni siquiera le ofrecen seguridad, sino gestión. Algunos, incluso meta-gestión: un consultor es la única persona capaz de darle a un cliente un procedimiento sobre cómo escribir procedimientos de seguridad sin necesidad de ayudarle a resolver los problemas (de seguridad) que deben arreglar esos procedimientos. ¿O no?
En el fondo, la situación no es tan absurda. Usando terminología "consultora", la clave es la forma de encarar el problema: top-down o botton-up. Podemos empezar por enseñar a gestionar y conseguir que esa gestión vaya consiguiendo una mejora de la seguridad aplicada, o empezar aplicando medidas de seguridad y luego enseñar cómo se deben gestionar. La aproximación "consultora", clásicamente "top-down", puede argumentar que estamos enseñando a pescar (o incluso a construir cañas, si pensamos en meta-gestión), pero se nos olvida un "detalle" fundamental: el cliente muchas veces tiene hambre. Y en función del tiempo que necesite para aprender a pescar, puede morir de hambre antes de haber aprendido...
En definitiva, creo que para perder el halo de "timo" que algunas personas asocian a la consultoría tenemos que empezar a ser más prácticos, entender más los problemas de nuestros clientes y poner los pies en la tierra a la hora de definir los "entregables". Resumiendo, enseñar a pescar está bien, pero os puedo asegurar -y más ahora que acabo de terminar de comer- que siempre se aprende más con el estómago lleno (los que no quieran perder la terminología "consultora" le pueden llamar quick-wins).
En el fondo, el que dijo aquella frase tenía algo de razón. Un consultor debería ser un consejero, alguien a quien le cuentas tus problemas (de seguridad, o de lo que sea) y te propone soluciones (buneas, bonitas, y baratas). Ni más, ni menos. Pero claro, piensas en la consultoría que hacen muchas organizaciones a día de hoy, y le entiendes. Documentación vendida "al peso", mínima personalización -cuando no copy-paste de algún otro cliente-, poca utilidad práctica... Es muy difícil entender que esos "entregables" son las soluciones prometidas.
Y en el mundo de la seguridad la situación todavía puede empeorar más. Normalmente los clientes tienen problemas de seguridad reales, han sufrido incidentes, sus máquinas son vulnerables, su personal "pasa" de la seguridad... y los consultores ni siquiera le ofrecen seguridad, sino gestión. Algunos, incluso meta-gestión: un consultor es la única persona capaz de darle a un cliente un procedimiento sobre cómo escribir procedimientos de seguridad sin necesidad de ayudarle a resolver los problemas (de seguridad) que deben arreglar esos procedimientos. ¿O no?
En el fondo, la situación no es tan absurda. Usando terminología "consultora", la clave es la forma de encarar el problema: top-down o botton-up. Podemos empezar por enseñar a gestionar y conseguir que esa gestión vaya consiguiendo una mejora de la seguridad aplicada, o empezar aplicando medidas de seguridad y luego enseñar cómo se deben gestionar. La aproximación "consultora", clásicamente "top-down", puede argumentar que estamos enseñando a pescar (o incluso a construir cañas, si pensamos en meta-gestión), pero se nos olvida un "detalle" fundamental: el cliente muchas veces tiene hambre. Y en función del tiempo que necesite para aprender a pescar, puede morir de hambre antes de haber aprendido...
En definitiva, creo que para perder el halo de "timo" que algunas personas asocian a la consultoría tenemos que empezar a ser más prácticos, entender más los problemas de nuestros clientes y poner los pies en la tierra a la hora de definir los "entregables". Resumiendo, enseñar a pescar está bien, pero os puedo asegurar -y más ahora que acabo de terminar de comer- que siempre se aprende más con el estómago lleno (los que no quieran perder la terminología "consultora" le pueden llamar quick-wins).
24 marzo 2011
Se puede decidir basándose en el riesgo?
Hace unos días estuve inmerso en una interesante discusión en torno a las causas y consecuencias del incidente de la central nuclear de Fukushima. El estupendo artículo escrito por Javier Cao sobre el posible fallo en la seguridad de la central nos sirvió para aportar algo de luz a la discusión, pero la verdad es que la discusión acabó cuestionando el propio núcleo de la seguridad, la gestión de riesgos, hasta acabar preguntándonos si realmente tiene sentido hacer los análisis de riesgos como los hacemos.
El problema es fácil de explicar en términos de un simple análisis de riesgos: un activo (la central) de bastante valor, una amenaza (la catástrofe nuclear) de muy baja probabilidad de ocurrencia (tres casos a nivel mundial en la historia de la energía nuclear) y un impacto altísimo (la muerte, inmediata o aplazada, de las personas que estén a varios kilómetros a la redonda) si llega a ocurrir. Unido al análisis de ese riesgo, el beneficio asociado: la producción eficiente y barata de energía eléctrica. ¿Qué hacer?
Para simplificar el análisis, voy a hacer una rápida aproximación (trivial, lo sé): Riesgo (1-125) = Activo (1-5) x Amenaza (1-5) x Impacto (1-5). En este caso, R1 = 4 x 1 x 5 = 20/125 = 16%.
Viendo este cálculo, cualquiera podría decir que un riesgo del 16% se puede considerar bajo, y en consecuencia asumible, a priori.
Ahora, comparémoslo con otro caso, como puede ser un accidente de aviación: un avión (de no mucho valor comparado con la central), la amenaza de que se estrelle (cuya frecuencia de ocurrencia, viendo los datos estadísticos mundiales, es significativamente más alta que la anterior) y un impacto también asociado a la pérdida de vidas humanas, pero de menor incidencia que el anterior. El beneficio, en este caso, es el transporte rápido y relativamente eficiente de personas.
De nuevo voy a hacer un ejercicio de libro para simplificar este otro caso: R2 = 2 x 3 x 4 = 24/125 = 19%.
También tenemos un riesgo bajo, de un orden de magnitud comparable con el caso anterior, aunque su resultado es mayor (lo sé, ambos cálculos pueden ser discutibles, y es evidente que los números están elegidos a propósito, pero me parece un ejemplo ilustrativo).
Por último, un tercer ejemplo: un atentado terrorista con pre-aviso en la sede de una bolsa. En este caso, el valor del activo (la bolsa) probablemente será más alto que el del avión, la probabilidad de ocurrencia a nivel mundial puede ser comparable, y el impacto, aunque no provoque muertes, puede tener consecuencias económicas muy importantes para el país. En este caso, el cálculo podría ser R3 = 4 x 3 x 3 = 36/125 = 29%.
Y ahora empiezan los cuestionamientos a este planteamiento. Para empezar, uno sencillo, matemático: ¿Si hablamos de vidas humanas comparadas con pérdidas económicas, realmente deberíamos valorar el impacto con la misma escala? ¿La escala de impactos debería ser lineal o exponencial? ¿No estaremos simplificando mucho la fórmula de cálculo del riesgo? Porque una excesiva simplificación nos podría llevar a trivializar ciertos riesgos...
En segundo lugar, un cuestionamiento más filosófico, de fondo. En los casos en los que el impacto es tan brutal... ¿Es conveniente tener en cuenta la probabilidad de ocurrencia de las amenazas? ¿O quizás no se debería valorar el riesgo, sino sólo el impacto ponderado? De esa forma nos estaríamos cubriendo frente a cisnes negros, cuya probabilidad de ocurrencia, por definición, es incalculable. ¿Deberíamos hacer sustituir los análisis de riesgos por los análisis de impactos, como se hace al valorar la continuidad? En ese caso, el resultado cambiaría mucho:
I1(desastre nuclear) = 20/25 = 80% >> I3(atentado bolsa) = 12/25 = 48% >> I2(accidente aéreo) = 12/25 = 32%
Ahora otra duda filosófica. ¿Cómo entra en la ecuación el beneficio (en este caso, beneficio obtenido de la asunción del riesgo)? En el ejemplo no me he atrevido a cuantificar el beneficio de cada uno de los tres casos, pero... ¿Es la ecuación coste/beneficio (riesgo/beneficio en nuestro caso) una ecuación válida? Y lo que es más importante (sin entrar en el cuestionamiento matemático): ¿Podrían existir casos en los que un riesgo (o un impacto) fuese tan alto que no se debiera considerar la posibilidad de aceptarlo, independientemente del beneficio asociado? (y ojo, que esta duda filosófica no es una cuestión trivial, ya que subyace tanto en el debate nuclear como en la crisis de las sub-prime).
Por último, otro cuestionamiento más clásico. ¿Debe cambiar nuestra decisión, o nuestra valoración, en función de la cercanía temporal con un incidente en el que se haya materializado la amenaza cuyo riesgo estamos evaluando? ¿Y si el incidente es un cisne negro?
En definitiva, con este post (ya siento que me haya quedado un poco largo) quería poner de manifiesto un problema del que, de una forma u otra, se está hablando mucho últimamente: es posible que los gobiernos tomen decisiones sin haber hecho un análisis excesivamente profundo sobre los riesgos asociados a esas decisiones, y probablemente un análisis más detallado les permitiría tomar decisiones más razonadas. Pero tampoco caigamos en la tentación de pensar que un análisis correcto va a llevar automáticamente a una decisión acertada, porque... realmente la herramienta de análisis y decisión es correcta? ¿Es realmente el análisis de riesgos una herramienta válida para la toma de este tipo de decisiones? Si has leído hasta aquí seguro que tienes tu propia opinión al respecto... ¿La compartes?
El problema es fácil de explicar en términos de un simple análisis de riesgos: un activo (la central) de bastante valor, una amenaza (la catástrofe nuclear) de muy baja probabilidad de ocurrencia (tres casos a nivel mundial en la historia de la energía nuclear) y un impacto altísimo (la muerte, inmediata o aplazada, de las personas que estén a varios kilómetros a la redonda) si llega a ocurrir. Unido al análisis de ese riesgo, el beneficio asociado: la producción eficiente y barata de energía eléctrica. ¿Qué hacer?
Para simplificar el análisis, voy a hacer una rápida aproximación (trivial, lo sé): Riesgo (1-125) = Activo (1-5) x Amenaza (1-5) x Impacto (1-5). En este caso, R1 = 4 x 1 x 5 = 20/125 = 16%.
Viendo este cálculo, cualquiera podría decir que un riesgo del 16% se puede considerar bajo, y en consecuencia asumible, a priori.
Ahora, comparémoslo con otro caso, como puede ser un accidente de aviación: un avión (de no mucho valor comparado con la central), la amenaza de que se estrelle (cuya frecuencia de ocurrencia, viendo los datos estadísticos mundiales, es significativamente más alta que la anterior) y un impacto también asociado a la pérdida de vidas humanas, pero de menor incidencia que el anterior. El beneficio, en este caso, es el transporte rápido y relativamente eficiente de personas.
De nuevo voy a hacer un ejercicio de libro para simplificar este otro caso: R2 = 2 x 3 x 4 = 24/125 = 19%.
También tenemos un riesgo bajo, de un orden de magnitud comparable con el caso anterior, aunque su resultado es mayor (lo sé, ambos cálculos pueden ser discutibles, y es evidente que los números están elegidos a propósito, pero me parece un ejemplo ilustrativo).
Por último, un tercer ejemplo: un atentado terrorista con pre-aviso en la sede de una bolsa. En este caso, el valor del activo (la bolsa) probablemente será más alto que el del avión, la probabilidad de ocurrencia a nivel mundial puede ser comparable, y el impacto, aunque no provoque muertes, puede tener consecuencias económicas muy importantes para el país. En este caso, el cálculo podría ser R3 = 4 x 3 x 3 = 36/125 = 29%.
Y ahora empiezan los cuestionamientos a este planteamiento. Para empezar, uno sencillo, matemático: ¿Si hablamos de vidas humanas comparadas con pérdidas económicas, realmente deberíamos valorar el impacto con la misma escala? ¿La escala de impactos debería ser lineal o exponencial? ¿No estaremos simplificando mucho la fórmula de cálculo del riesgo? Porque una excesiva simplificación nos podría llevar a trivializar ciertos riesgos...
En segundo lugar, un cuestionamiento más filosófico, de fondo. En los casos en los que el impacto es tan brutal... ¿Es conveniente tener en cuenta la probabilidad de ocurrencia de las amenazas? ¿O quizás no se debería valorar el riesgo, sino sólo el impacto ponderado? De esa forma nos estaríamos cubriendo frente a cisnes negros, cuya probabilidad de ocurrencia, por definición, es incalculable. ¿Deberíamos hacer sustituir los análisis de riesgos por los análisis de impactos, como se hace al valorar la continuidad? En ese caso, el resultado cambiaría mucho:
I1(desastre nuclear) = 20/25 = 80% >> I3(atentado bolsa) = 12/25 = 48% >> I2(accidente aéreo) = 12/25 = 32%
Ahora otra duda filosófica. ¿Cómo entra en la ecuación el beneficio (en este caso, beneficio obtenido de la asunción del riesgo)? En el ejemplo no me he atrevido a cuantificar el beneficio de cada uno de los tres casos, pero... ¿Es la ecuación coste/beneficio (riesgo/beneficio en nuestro caso) una ecuación válida? Y lo que es más importante (sin entrar en el cuestionamiento matemático): ¿Podrían existir casos en los que un riesgo (o un impacto) fuese tan alto que no se debiera considerar la posibilidad de aceptarlo, independientemente del beneficio asociado? (y ojo, que esta duda filosófica no es una cuestión trivial, ya que subyace tanto en el debate nuclear como en la crisis de las sub-prime).
Por último, otro cuestionamiento más clásico. ¿Debe cambiar nuestra decisión, o nuestra valoración, en función de la cercanía temporal con un incidente en el que se haya materializado la amenaza cuyo riesgo estamos evaluando? ¿Y si el incidente es un cisne negro?
En definitiva, con este post (ya siento que me haya quedado un poco largo) quería poner de manifiesto un problema del que, de una forma u otra, se está hablando mucho últimamente: es posible que los gobiernos tomen decisiones sin haber hecho un análisis excesivamente profundo sobre los riesgos asociados a esas decisiones, y probablemente un análisis más detallado les permitiría tomar decisiones más razonadas. Pero tampoco caigamos en la tentación de pensar que un análisis correcto va a llevar automáticamente a una decisión acertada, porque... realmente la herramienta de análisis y decisión es correcta? ¿Es realmente el análisis de riesgos una herramienta válida para la toma de este tipo de decisiones? Si has leído hasta aquí seguro que tienes tu propia opinión al respecto... ¿La compartes?
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